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LA MAQUINA ELECTRÓNICA
Hubo un tiempo, mi padre,
humilde ciudadano de una ciudad, creo del Oriente, me
habla de él. Se llamaba el tiempo del fácil volar. Cada hombre, cada mujer, cada
niño
tenía su alfombra propia.
Los hombres una alfombra azul,
las mujeres una alfombra rosa, los niños una alfombra
pequeña. En aquel tiempo -según, siempre me cuenta mi padre- no existían los
ejecutivos. Después dice mi padre los hombres fueron poseídos por el demonio y
fue
así como el mundo conoció la confusión, los niños querían tener la alfombra
rosa, las
mujeres la alfombra azul y los hombres dos alfombras.
Dios se enojó mucho al ver a
sus queridos hijos en tremenda confusión y una tarde,
una tarde de verano, dice mi padre, quemó todas las alfombras menos una, como se
hace actualmente con las banderas.
A partir de esa tarde solamente
Dios pudo volar y para los hombres vinieron,
sucesivamente, las épocas de los caballos propios, de las mujeres propias, de
las casas
propias, de las fábricas propias.
Pero en estas épocas no ocurría
lo mismo que con las alfombras, porque no había ni
tantas casas, mujeres, caballos o fábricas, como para que cada uno tuviera la
propia.
Fue entonces cuando David, sí, el rey David, el sabio, el omnipotente David (su
madre
le llamaba divanlito) inventó los alquileres. Mucho tiempo después los
alquileres
aumentaron. Pero antes de esto, sí, aunque parezca mentira, en la época de los
esclavos
negros (porque después vino la época de los esclavos blancos) Espartaco, un
esclavo
mestizo, cansado, pobre, de matar con sus manos un par de leones diarios inventó
una
máquina, sí, una máquina que mientras él leía el selecciones, ella mataba a los
leones.
Claro que lo que había inventado Espartaco, no era verdaderamente lo que se dice
una
máquina electrónica. Pero si queremos entender esta historia, debemos dividir el
tiempo en dos de esta única manera: el tiempo antes de Espartaco, el tiempo
después
de Espartaco o de las máquinas electrónicas.
Fue después de Espartaco, que
cada hombre, cada mujer quiso tener su máquina
propia, los niños una máquina pequeña cada uno.
Los estudiosos de la época
inventaron varias ciencias y millones de nuevas palabras
para explicar el proceso, y fue así como nació el psicoanálisis.
Y así fue como algunos
ciudadanos rusos (aquellos que trabajaban más rápido que sus
compañeros, y gozaban de los beneficios del trabajo incentivado) compraron su
máquina y le enseñaron a jugar al ajedrez, que en definitiva es un juego moral.
Y así fue como algunos
ciudadanos norteamericanos (aquellos que habían nacido sin
siquiera un octavo de sangre negra -caliente o humana- en sus venas; y que
gozaban
por lo tanto de los beneficios, que todas los hijos de la tribu del gran
masturbador
primer rey blanquísimo, gozaban) compraron su máquina y le enseñaron a jugar al
ajedrez que en definitiva es un juego moral. Y así fue como nació la
coexistencia
pacífica.
A todo esto, nadie puede
explicarse el porqué, los ciudadanos chinos comenzaron a
fabricar alfombras.
A este punto del relato mi
padre comienza a llorar desesperadamente.
Porque hubo en el principio,
dice mi padre, Espartaco y su máquina, pero hubieron
después, otros hombres, otras mujeres, en definitiva otras máquinas.
En un principio cada cual por
su cuenta después se formaron equipos. Estos equipos
crecieron y se multiplicaron y llegaron a Estados Unidos, donde un judío
adinerado
compró todos los equipos del mundo, menos uno -que quedó en poder de los
franceses-
e hizo que todos los equipos trabajaran para él, e inventó el capitalismo, pero
"como el
dinero que se gana sin el sudor de la frente" no sirve para nada (estas últimas
palabras
son de mi padre que no sé por qué motivo él se las
atribuye a Jesucristo; otro judío más, inexplicablemente), el pobre judío
norteamericano enloqueció de tanto dinero y de tanto dinero, y se acostó con su
madre.
Historia a la cual el psicoanálisis, que ya se había inventado mucho tiempo
antes,
designó con el nombre de "complejo de Edipo", pero esto en realidad no solucionó
nada porque cada tribu tenía su complejo de Edipo propio o por lo menos su
explicación propia, que en ningún caso era igual a la de otra tribu. Por ejemplo
la tribu
de los descendientes de David (el inventor de los alquileres) decía que el
complejo de
Edipo era tener una mujer y alquilarse otra. La tribu de los descendientes de
Espartaco
(el inventor de la máquina) decía que una máquina siempre es una máquina y que
no
vale la pena ser acomplejado.
Y todo fue así hasta el
descubrimiento de América del Sur , y fue entonces cuando se
inventaron los países subdesarrollados, los sueldos subdesarrollados, los
ejecutivos
subdesarrollados. A tal punto, los franceses, que por algo deben de tener su
fama,
comenzaron a preparar gente para colonizar estas tierras de Dios, que en verdad
no
eran ni de Dios ni de nadie. Pero a tal punto, el pobre, loco, judío
norteamericano había
enloquecido que cuando llegaron los franceses, él ya era el dueño de todas las
Américas del Sur y de todas las Américas Centrales, menos una.
Pero los franceses, que por
algo deben de tener su fama, plantearon la situación a sus
poetas; éstos, que entendieron mal las cosas, creyeron que debían destruir todo
lo
existente
y crearon el surrealismo. Después del surrealismo vino el amor y un ministro de
relaciones públicas, francés, enamoró a la hijahermana del judío norteamericano
y casó con ella.
Los franceses tenían todavía en
su poder la única máquina que no consiguió comprar el
ya muerto pobre loco judío norte-americano. Bañáronla con semen de caballos
árabes
ganados en la última guerra y la máquina tuvo cría como la chancha de tu tía, y
los
franceses se dispusieron a conquistar las Américas.
Y máquina va, máquina viene,
los franceses se capitalizan e inventan la "Ricerca di
Mercato".
Los italianos, que ya tenían 17
guerras perdidas y estaban sufriendo una terrible
enfermedad llamada de la conversión (los marxistas se volvían católicos y los
católicos
marxistas) inventaron la pa1abra CORNUDO.
Andando y andando Usted la irá
pagando se vendieron muchas máquinas y volvieron a
tomar cuerpo los antiguos equipos, que crecieron y se multiplicaron a su vez, y
los
franceses (que no por nada inventaron la guillotina) cruzaron todo el mar de las
Indias
y llegaron a Buenos Aires, descubierta por los bolivianos en el 1222 y que
bautizaron
de esa manera en honor de un patriarca árabe, amigo de mi padre. Aire en árabe
significa pene, y buenos significa Isabel la Católica, que no era ni siquiera
Católica, ya
que Colón pudo seducirla con su todavía no famoso huevo, y la reina ni corta ni
larga,
le tendió una mano, y juntos descubrieron y conquistaron Alemania.
Pero todo esto había pasado hace mucho tiempo y los habitantes de Buenos Aires
ya
no lo recordaban y los franceses por supuesto nada sabían de esto, porque
para ellos, el
descubridor de Buenos Aires, había sido el ejecutivo italiano Nerón (tío de mi
mujer
residente en Milán).
Pero todo esto, vuelvo a repetir, es historia vieja, lo importan es que los
franceses
llegaron a Buenos Aires con sus máquinas.
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