|
Lo inconsciente no
tiene buena reputación.
Nuestros filósofos en especial no lo aprecian mucho. Y no están
completamente equivocados: es más bien un saco de gatos que un
concepto.
Y, además, ¿qué se le puede oponer al maligno que pretende que
racionalizo cuando creo estar dándole mis razones? ¿Quién me asegura
sin soberbia que este amor, que me pone fuera de mí, sólo es el último
vástago de una fantasmagoría bastante gastada y que de todos modos no
es a ella a quien amo sino que es a el...?
He aquí toda certidumbre y todo diálogo tornado imposible. J. B. PONTALIS
|